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Levantate, corazon,
y camina. No dejes que el
cenagal del sendero te devore poco a poco. Aunque el lodo te
haya manchado, aunque una herida se haya abierto en tu epidermis. Levantate, corazon,
y camina. Por muy dura que
haya sido la caida, por fuerte que
fuera el empujon, todavia no has llegado al final. Aun te queda un
largo trecho, aun tienes camino por recorrer. Levantate, corazon,
y camina. No te importe que
el toro del Destino te embista con inusitado impetu. Pon en marcha todos
tus resortes, calienta los
motores de tu esperanza: al final, hallaras la recompensa a tu
esfuerzo. Levantate, corazon,
y camina. Madrid, 23 de diciembre de l995 |
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